Llevamos historias muy distintas en cómo habíamos llegado a vivir en la nave del B9. Pero compartimos una experiencia fundamental: Por ser negrx, ni los propietarios ni el estado nos querían alquilar un piso o dar un contrato de trabajo. Dicho de otra manera: El racismo institucional nos ha puesto en el lugar donde nos quiere tener, haciendo el trabajo más duro sin derechos laborales y sin tener acceso al bien más básico que este estado produce, la vivienda. Hay diferentes manifestaciones del racismo institucional en el ámbito de la vivienda. Puede pasar que una vez que un propietario escucha tu acento por el teléfono, ve tu cara o sabe donde has nacido, una vivienda ya no está disponible. O de repente pide depósitos absurdos que no puedes pagar. O un contrato de trabajo que no puedes tener porque no tienes papeles. Aunque hay muchas formas en que el racismo institucional opera, de manera visible y escondida, la conclusión es simple. Si eres negrx no tienes acceso a la vivienda, la necesidad humana más básica para sostener y construir tu vida.
El desalojo del B9 ha mostrado el racismo institucional de la manera más violenta, urgente y evidente. Pero afecta y siempre ha afectado a todos los ámbitos de la vida y de la sociedad. Una persona Africana que llega a Catalunya normalmente tiene dos opciones: Si tienes papeles, puedes trabajar en el campo en Lleida recogiendo fruta bajo condiciones inhumanas. Y si no tienes papeles el único trabajo legal que puedes hacer es recoger material de valor en la basura. En estas condiciones de trabajo, no tienes derechos. Si estás enfermx o heridx, tienes que seguir trabajando. Todxs del B9 se han dedicado a una profesión digna antes, sean pescadorxs, profes, carpinterxs, fontanerxs, conductorxs, artistxs, jugadorxs de fútbol y lo decimos con toda honestidad, policías. Aquí el estado no deja que apliquemos nuestras habilidades, no quiere que tengamos una ocupación digna, que podamos ser humanxs. Nos quiere en una posición donde hacemos el trabajo más duro sin tener acceso a las necesidades más básicas. También nos quiere sin información, criminalizadxs y desconectadxs de los movimientos políticos para no dejar que luchemos contra esta opresión. Los servicios sociales del estado no proporcionan información. No te explican qué tienes que hacer para regularizarte y qué derechos tienes. Aún si sabes como regularizarse, te hacen perder tu tiempo para muchos años en luchas burocráticas y muchas veces al final no funciona. Si intentas empadronarte sin domicilio fijo, te dicen que van a venir para comprobarlo y nunca vienen. A veces borran tu padrón sin informarte. Y al final te quieren explicar que has cometido tú el error, te quieren culpabilizar.
Pero nosotrxs tenemos claro quién es culpable. El racismo institucional no es una falta del sistema o un problema más para gestionar. Es la base de un estado y una sociedad que necesita el racismo para justificar y construir la opresión y desigualdad. Está diseñado de manera consciente y racional para mantener el orden colonial e imperialista. Es la manera en que el estado clasifica quien está considerado humano y quien no.
Para poder luchar y auto-defendernos contra este sistema, tenemos que apoyarnos mutuamente. Pedimos a todas las comunidades organizadas que tomen responsabilidad en apoyarnos para cubrir nuestras necesidades básicas. Hay muchas personas más allá del B9 que podrían ser compañerxs de lucha pero no lo son porque se enfrentan a una precariedad urgente. Para poder luchar conjuntamente tenemos que desarrollar las redes para asegurar que todxs tengan sus necesidades más básicas cubiertas. Esto es un primer paso para poder defendernos contra el sistema racista que nos quiere calladxs e incapaces de expresar nuestrxs experiencias con la opresión.